Los amorosos

Jaime Sabines

Cartas a Chepita

Los amorosos. Cartas a Chepita reúne las cartas que Jaime Sabines escribió a Josefa Rodríguez, a quien llamaba Chepita y quien años después se convertiría en su esposa. Las primeras cartas fueron escritas en 1947, cuando Sabines tenía apenas veintiún años, y muestran el comienzo de una historia de amor que se fue construyendo a través de la distancia, las palabras y la espera.

Lo que más me llamó la atención de este libro es la manera tan íntima en la que Sabines habla del amor. No lo hace desde la idea de un amor perfecto o idealizado, sino desde todo lo que implica querer a alguien de verdad: la incertidumbre, el deseo, la distancia, los celos, la necesidad de sentirse cerca y también el miedo de perder a la persona que amas.

Leer sus cartas es conocer una parte mucho más personal de Jaime Sabines. Antes de ser el poeta que todos conocemos, aquí aparece un Jaime joven, enamorado y completamente entregado a sus palabras. Escribirle a Chepita parece ser también una forma de hacer más pequeña la distancia entre ellos y de decir todo aquello que no podía decirle estando lejos.

Encontré muchísimos fragmentos y cartas completas que me encantaron y que me hubiera gustado compartir, pero algunos son demasiado largos para ponerlos completos aquí. Además, todavía estoy aprendiendo sobre derechos de autor y prefiero ser cuidadosa con lo que comparto, así que decidí no ponerlos y dejar que ustedes descubran esas palabras directamente en el libro. Solo puedo decir que lo recomiendo muchísimo, especialmente si disfrutan de las historias de amor contadas desde un lugar íntimo, sincero y profundamente humano.

También me llamó mucho la atención que el amor en estas cartas no aparece como algo completamente tranquilo. Sabines muestra sus contradicciones, sus deseos y sus momentos de intensidad. Hay cariño, pero también necesidad, miedo, desesperación y hasta sentimientos que parecen contradecirse entre sí. Eso es algo que me gustó del libro: no intenta convertir el amor en algo perfecto. Al contrario, muestra lo desordenado que puede ser querer a alguien profundamente.

Otra de las cosas que más disfruté fue la manera en que Sabines describe todo lo que Chepita representa para él. No habla solamente de una persona a la que ama, sino de alguien que poco a poco parece convertirse en parte de su vida entera: en compañía, fuerza, deseo, esperanza y refugio.

Hay algo muy bonito en leer cómo una persona va encontrando diferentes formas de nombrar a alguien que significa tanto para ella. Como si ninguna palabra fuera suficiente y tuviera que seguir buscando otra, y otra, y otra.

Y quizá por eso algunas de sus palabras se sienten tan cercanas. Aunque fueron escritas hace tantos años, hay sentimientos que siguen siendo exactamente los mismos: extrañar a alguien, querer contarle todo, necesitar su presencia y encontrar en una persona ese lugar al que siempre queremos volver.

Creo que esa es una de las cosas que más me gustaron de Los amorosos: conocer a Jaime Sabines no solamente como poeta, sino como un hombre joven enamorado, vulnerable y tratando de poner en palabras todo lo que sentía.

Me gusta pensar que estas cartas también muestran que escribirle a alguien puede ser una forma de acercarse a esa persona cuando no podemos tenerla cerca. Cada carta se convierte en una manera de acortar la distancia y de mantener presente a alguien que, aunque esté lejos, ocupa constantemente nuestros pensamientos.

Los amorosos me dejó la sensación de haber conocido una parte muy íntima de una historia de amor. Una historia que comenzó cuando Sabines era muy joven y que, a través de sus cartas, nos permite ver el amor desde un lugar mucho más humano: intenso, contradictorio, vulnerable y, sobre todo, profundamente sincero.

Y quizá por eso algunas de sus palabras siguen resonando tantos años después. Porque las formas de amar pueden cambiar, pero hay sentimientos que seguimos entendiendo perfectamente.